Los siete pecados capitales

El concepto de pecado no existe en la filosofía griega, Aristóteles en sus obras nos habla de la oposición entre vicio y virtud.
El pecado en la Biblia es toda omisión del bien: “El que sabe obrar el bien y no lo hace comete pecado”, Santiago 4:17. El bien en cambio es la regla de oro: “haz por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti”, Mateo 7:12. La Regla de Oro se conoce como Don Espiritual de la Rectitud.

El pecado en el pensamiento Bíblico tiene su origen en la concupiscencia:
“Nadie, al ser tentado, diga que Dios lo tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie, sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia, que lo atrae y lo seduce. La concupiscencia es la madre del pecado, y éste una vez cometido, engrendra la muerte.” Carta de Santiago 1: 13-15.
La concupiscencia son los deseos desordenados contrarios a la bienaventuranza, por lo general deseos relacionados con lo material, lo físico.
Para Santo Tomas el pecado es una privación del bien y hay tantas formas de pecar como formas de privar al bien: “Pues el bien proviene, en las cosas, a partir de una causa perfecta, estando todas casi como anudadas las causas que pueden ayudar al bien; en cambio el mal proviene en cada cosa puntualmente, a partir de defectos particulares. En efecto, no hay belleza en el cuerpo a no ser que todos sus miembros estuvieran bien dispuestos; y la fealdad resulta de cualquier miembro que se encuentre desproporcionado. Y así la fealdad proviene de muchas causas diferentes, y la belleza de una causa perfecta, de un solo modo; y así se da, en todo lo bueno y todo lo malo, tal como Dios lo haya provisto”. Capitulo III, Libro I, Del Reino, Santo Tomas de Aquino.
Tomás de Aquino nos da otra definición del mal (pecado): “decimos malo al hombre privado de Virtud”, Suma de Teología.
Dada la diversidad que se da en la formas de privación del bien, Tomás enumera los principales pecados que son el origen de todos los demás:
*Lujuria: son los deseos sexuales desordenados.
*Gula: es el apetito excesivo.
*Soberbia: es creerse mejor que los demás.
*Ira: una expresión del odio.
*Envidia: consiste en el deseo de poseer bienes o atributos ajenos.
*Avaricia: es la adquisición y acaparación excesiva de bienes sin compartir.
*Pereza: es la falta de voluntad en la consecución de las propias obligaciones.

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Dios no puede ser burlado

La carta a los Gálatas nos hace una referencia a la La ley de la cosecha y la siembra: “No se engañen nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra:el que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá solo corrupción; y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la Vida eterna”. Gálatas 6:7
La ley de la cosecha y la siembra es una ley de aprendizaje, que premia el acierto y castiga el error. Sembrar en el Espíritu significa ser progresivos, tender a la mejora, al aumento, es decir ser “camino”; sembrar en el espíritu también significa practicar la verdad es decir ser precisos y exacto y por ultimo aumentar la vida. Por eso Jesús dice “yo soy el camino la verdad y la vida”, Juan 14:6. Camino, verdad y vida son las condiciones para que una acción sea ética, es decir que sea asertiva, que de en el blanco.
Cuando sembramos según la carne practicamos el error, y la retribución por errar es recoger corrupción. La dicotomía carne-espíritu representa la oposición entre el bien y el mal, entre la rectitud y el pecado.
Las bienaventuranzas expuestas por Jesús en el sermón del monte en Mateo 5 y Lucas 6, constituyen el plan de Dios y no solo eso son la expresión del principio ordenador del universo, porque distribuye premios y castigos, nadie se burla de Dios significa que mas allá del azar hay un orden, del que nadie escapa, la ley de la cosecha y la siembra esta implícita en las bienaventuranzas, todas tienen un “porque”, podemos ponerle el nombre que queramos pero tarde o temprano rendimos cuentas de nuestros errores y nuestros aciertos en esta vida, no necesitamos de un infierno o un cielo en la otra vida, no necesitamos de amenazas o promesas en la otra vida.
Hay que recordar que esta ley universal tiene un efecto progresivo y de largo alcance: a mayor error mayor castigo, así como un castigo puede traer otro implícito porque un error trae consigo otro, así como una bola de nieve aumenta de tamaño al caer de la pendiente.
El infierno o el cielo lo tenemos acá y ahora según como elijamos vivir: ayudamos o pecamos.
Los que eligen vivir los dones espirituales es decir vivir éticamente recogen el premio mas excelente y progresivo: la vida eterna, el don espiritual que nos introduce en la vida celestial de los ángeles y nos da los premios mas grandes: la longevidad, la felicidad de corazón, y la visión de Dios.
Dios no puede ser burlado. Se recoge lo que se siembra. Gálatas 6:7

¿Qué es el espíritu santo para los cristianos?

La idea del espíritu santo como agente o accionador de sabiduría se sustenta en la existencia del estado intermedio entre el bien y el mal. Es decir filosóficamente existen tres estados y tres tipo de hombre: el bien, el mal y un estado intermedio. A esto corresponderían: el hombre natural en el que prevalece la carne, el hombre almático en el que prevalecen las emociones este es el hombre en un estado intermedio y finalmente el hombre espiritual o pneumatico en el que prevalece el espíritu.
En los evangelios el espíritu santo como tercera persona de la trinidad nos capacita para:
1) la justificación, es decir el paso de una vida llena de pecados a una vida de rectitud. La justificación es un auxilio especial para vivir de acuerdo al espíritu. En la ética hay dos estilos de vida y dos retribuciones: pecamos o vivimos rectamente (regla de oro: “haz por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti”, Mateo 7:12), cosechamos por la ley del retorno bendición o maldición.
2) El acceso a la actividad contemplativa o vida eterna: “Nadie puede ver el Reino de Dios si antes no renace de lo alto” Juan 3:3. Ver el Reino de Dios es recibir la vida eterna y esto es la vida contemplativa. La vida contemplativa nos capacita para percibir las verdades eternas e inmutables es decir a Dios.
3)La felicidad como estado de la mente. Aristóteles nos explica: “la felicidad es el premio a la virtud”, cuanto mas perfecta es la virtud mas elevada es la felicidad asociada, de aquí que siendo la contemplación la virtud mas perfecta corresponda a ella el grado mas alto de felicidad: la felicidad de corazón. Tomas de aquino lo expresa: “la felicidad eterna consiste en la visión de Dios”
4)Examinar las sagradas escrituras o enseñanzas de sabiduría, dejando de lado las apariencias. La sabiduría es una ciencia, esta el que opina de sabiduría, el que es ignorante de sabiduría y el que sabe de sabiduría. El que sabe de sabiduría se llama “doctor de sabiduría”. El espíritu santo en los evangelios nos hace doctores de sabiduría:
“Jesús subió al Templo y comenzó a enseñar. Los judíos, admirados decían: ¿Como conoce las escrituras sin haber estudiado?. Jesús le respondió:
Mi enseñanza no es mía
sino de aquel que me envió” Juan 7:14-15
El espíritu santo en los evangelios se compara con el viento:
El espíritu santo es el espíritu de sabiduría de Dios

Qué es la integridad de una persona

Integridad significa completitud o totalmente hecho. Para comprender mejor este concepto analicemos la definición que da Aristóteles en su libro Metafísica (Libro V, Capítulo XV):
Se dice que es perfecto o completo:
1-Aquello fuera de lo cual es imposible hallar ninguna de sus partes, por ejemplo, el tiempo completo de cada cosa es aquel fuera del cual es imposible hallar un momento que sea parte de ese tiempo.
2-Aquello que en cuanto a la excelencia y al bien no puede ser superado en su género…
3-De las cosas que han alcanzado su fin, siendo este bueno, se dice que son completas o perfectas, pues las cosas son completas o perfectas por haber alcanzado su fin.
Dada esta definición el hombre completo o integro es el hombre que ha alcanzado su fin, ¿y cual es el fin del hombre, es decir a que tiende el hombre en su desarrollo? A la adultez, la vida adulta, o en otros términos la conformidad a Dios. La adultez es aquel estado en que al hombre no le falta nada, en cuanto lo que lo hace hombre. En la fe cristiana la madurez se alcanza cuando se reciben los 7 dones del espíritu santo, en el sacramento de la confirmación.
La primera carta a los Corintios nos explica que la sabiduría que es la ciencia más excelente es propia de las personas maduras, decir de aquellos que han alcanzado la conformidad a Dios.

La sabiduría es para las personas maduras

Todo ser tiende hacia su propio bien o perfección nos explica Tomas de Aquino, en su obra Suma de Teología. Una naturaleza es hacia lo que el ser tiende en su desarrollo, nos explica Aristóteles, es por esto que el bien es una naturaleza.
La naturaleza del gusano es la mariposa, la naturaleza de la semilla es la planta que fructifica. De esta manera la naturaleza del hombre es la integridad, por eso Jesús enseña por Parábolas. Las parábolas siempre hacen incapié en la progresividad, los seres vivos son esencialmente progresivos porque tienden hacia el bien.
Si el nivel de conciencia de una persona viene definida por el nivel de amor entonces, la integridad del hombre viene dada por el amor de caridad, por ese amor bueno que se proyecta hacia toda la obra de Dios: el amor a los animales, al prójimo y a la ciencia. Este es el amor que no puede ser superado, ni mejorado en su género, el amor del que nos habla Platón (amor platónico). En definitiva, en el cumplimiento del nuevo mandamiento: “amaras a tu prójimo como a ti mismo”, Marcos 12:31. Este amor fundamentalmente es la conformidad a Dios, el amor integro y adulto, don del espíritu santo.
La integridad de la persona se resume en la Caridad, en Jesús..

Cómo ser inmortal. El secreto de la longevidad.

La inmortalidad es un don vinculado a la vida eterna, es decir al conocimiento espiritual(“esto es la vida eterna que te conozcan a ti único Dios verdadero”, Juan 17:3) y a la adquisición progresiva de sabiduría.
Hay numerosas referencias a la inmortalidad en los evangelios y en el Libro de Sabiduría escrito por el Rey Salomón: “en la familiaridad con la sabiduría esta la inmortalidad”, Libro de Sabiduría 8:17; “porque conocerte a ti es la perfecta justicia y reconocer tu soberanía es la raíz de la inmortalidad”, Libro de Sabiduría 15:3. Hay una referencia en los evangelios sobre el don de la inmortalidad:
El don de la inmortalidad esta vinculado a la vida eterna y la resurrección.
Dios en la Biblia es eterno e inmortal, con lo cual se podría pensar que la inmortalidad es un atributo divino, es decir una perfección no transmisible, pero en el Libro Génesis se aclara que el hombre esta hecho a imagen y semejanza a Dios, y es por esta semejanza e imagen que Dios puede transmitir de una manera limitada en el plano físico su inmortalidad, la inmortalidad de Dios transmitida como un regalo es o que se conoce como el don de la longevidad.
Hay que aclarar que longevidad no es salud, la salud no es un don, la longevidad si, la salud no es un don porque hay “enfermos sanos” por ejemplo en el caso de los virus. Dios no nos da salud, nos da longevidad, como un premio, una bendición, como una bienaventuranza.
Salomón en su Libro de Sabiduría nos explica que la longevidad es el fruto de meditar en la Sabiduría de Dios, en su Palabra, la meditación nos explica Platón es el arte de saber separar el alma del cuerpo, y en saber escuchar, el que sabe vivir el arte de escuchar alcanza la longevidad, es por esto que en todas las filosofías antiguas los sabios son los verdaderos inmortales.
Esta estudiado que el arte de escuchar y la vida contemplativa (“vida eterna”) están asociados a altos niveles de meditación y esto esta asociado al control del estrés y al mejor funcionamiento del sistema parasimpático del cuerpo. Purificar el cuerpo a través de la comida y la bebida no es suficiente, el control de las emociones juegan un rol clave.
La meditación, la escucha con mentalidad progresiva y con constancia nos generan un estado de bienestar y felicidad que se traduce en el largo plazo en la inmortalidad de los antiguos sabio.
Dios es eterno e inmortal. Inmortal es aquel que recibe la inmortalidad de Dios.

Qué es la santidad según la Biblia

La santidad es una gracia, un carisma, un don espiritual. Es el don que nos relaciona con la formación del carácter, la santidad no es un atributo divino como la eternidad o la omnisciencia, es decir una perfección propia de Dios, la santidad es una perfección o don transmisible al hombre como la misericordia y la perseverancia, el Reino de Dios es el dominio, imperio de las perfecciones de Dios (dominio de la sabiduría, imperio de la devoción, reino de la rectitud), la Biblia lo expresa de esta manera: “sean santos porque yo soy santo”, 1 Pedro 1:16.
La santidad es el don que nos hace imagen plena de Dios
La santidad es ser imagen plena o imagen como tal de Dios, imagen en metafísica significa “semejanza perfecta” y la semejanza se da en la participación de la esencia.
Por la Regla de Oro: “haz por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti”, Mateo 7:12 somos imitadores de Jesús o imitadores de Dios (replicamos una conducta), por el Amor de Caridad, o amor al bien, somos semejantes a Dios en esencia (participes de la esencia de la sabiduría) y por los frutos del espíritu (amor, alegría, paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia; Gálatas 5:22) somos imagen de Dios.
Los frutos del espíritu definen la santidad y pueden ser interpretados tanto como los fines de la vida humana como el carácter de Dios.
Por eso fructificar los dones a través de la vida recta y la constancia es formar en nosotros el carácter de Dios. La santidad junto con la vida eterna (actividad contemplativa) son los verdaderos fines de la vida humana. Los frutos del espíritu surgen paulatinamente como consecuencia de años de perseverancia y practica contemplativa (meditación focalizada en los atributos divinos de Dios) a través del don de ciencia, la santidad es un estado posterior a la iluminación espiritual (recibir el espíritu santo o Gnosis) y tiene como base la vida en gracia de Dios, es decir la determinación diaria de obrar el bien evitando el mal, es por esto que cuando se habla de la perseverancia final de los santos se habla no de fe sino de seguridad en Dios (fe adulta o fe con don de ciencia), la santidad exige un conocimiento particular, es decir preciso y exacto, de las verdades divinas (“nadie puede ver el Reino de Dios si antes no renace de lo alto”, Juan 3:3). El santo como tal es fundamentalmente un contemplativo y un perseverante.
La primera carta a los Tesalonicenses lo expresa de una manera muy sencilla:
El deseo de Dios es la santificación del hombre.

¿Qué es la empatía?

La empatía es ponernos en el lugar del otro. Es una facultad del espíritu junto con la intuición y la inspiración, a diferencia de la imaginación y la fantasía que son facultades del alma.
Que la empatia sea una facultad del espíritu significa que es una perfección, un don espiritual. Recordemos que para Tomas de Aquino el espíritu es la substancia de Dios.
La empatia es el origen de la Regla de Oro y la Regla de Plata
El origen de la empatia esta en la expansividad y progresividad del bien, el bien como don nace del corazón y se expande al otro. El bien es una naturaleza, es decir todo ser apetece su bien o perfección, y un discernimiento, de alli que la empatia se exprese en otros términos como la Regla de Oro: “haz por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti”, Mateo 7:12.
También de una manera mas neutra se expresa como la Regla de Plata: “no le hagas a los demás lo que no te gustaría que hicieran a ti”.
Un ejemplo del ejercicio de la empatía es la Parábola del Buen Samaritano, que se resume en una enseñanza: pecamos y seguimos de largo como el fariseo y el levita o vivimos rectamente, es decir actuamos siempre por principios (regla de oro y de plata). Esta es la mayor Parábola de Jesús y fundamento de toda la ética humana, recordemos que la justicia no es una virtud ética o perfecta.
La Parábola de Jesús empieza así: “¿Y quien es mi prójimo?. Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayo en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hicieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También paso por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a el, lo vio y se conmovió. Entonces se acerco y vendo sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargo de cuidarlo. Al día siguiente, saco dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: Cuídalo, y lo que gastes de mas, te lo pagare al volver. ¿Cuál de los tres te parece que se porto como el prójimo del hombre asaltado por los ladrones?”, Lucas 10:29-37.
La Regla de Oro es el máximo principio ético humano