Amar es aprender a perdonar y a minimizar el sufrimiento

La Parábola del hijo prodigo nos relata una historia donde se relacionan el amor, el sufrimiento y el saber perdonar. Es más fin del perdón es disminuir el sufrimiento, la historia en la Biblia dice así:
“Un hombre tenia dos hijos. El menor de ellos dijo a su Padre: “Padre dame la herencia que me corresponde”. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenia y se fue a un país lejano, donde malgasto sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones…Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazo y lo beso. El joven le dijo: “Padre peque contra el cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado.” Lucas 15:11-24
En este relato el amor y el perdón están íntimamente ligados: cuando el hijo se marcha para malgastar los bienes, la respuesta del padre es el rechazo a la conducta: “hijo, no puedo seguir ese camino”, esto se llama “aversión”, la “aversión” no afecta el vinculo amoroso, por eso ese amor es “incondicional”, y eso es lo que da origen al perdón porque el hijo al arrepentirse de su accionar vuelve y la “aversión” cesa automáticamente, el vinculo amoroso se restablece y se produce el perdón del padre. Perdonar no es olvidar, es rechazar de plano una conducta errónea, es sostener los vínculos amorosos a pesar del error. El evangelio de Lucas es el evangelio del perdón y la misericordia.
Como resultado el perdón minimiza el “sufrimiento colectivo” tanto del que lo recibe como el que lo da, el perdón cuando es verdadero beneficia a todos. El verdadero amor no tiene en cuenta el mal recibido, todo lo perdona, los evangelios nos describen la naturaleza de la Caridad..
Amor-de-Dios

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¿Cual es el sentido de la vida?

El sentido de la vida es la bienaventuranza. Aristóteles describe la bienaventuranza con estas palabras: “La vida bienaventurada es la vida buena, bella, sensata y feliz”.

Vivir-los-dones

La bienaventuranza no es la vida conforme a la virtud, es decir al deseo de felicidad, sino a la sabiduría.
Dice Aristoteles sobre la sabiduría: “En las artes, asignamos la sabiduría a los hombres mas consumados en ellas, por ejemplo, a Fidias, como escultor, y a Policleto, como creador de estatuas, no indicando otra cosa sino que la sabiduría es la excelencia de un arte…De suerte que es evidente que la sabiduría es la mas exacta de todas las ciencias. Así pues, el sabio no solo debe conocer lo que sigue de los principios, sino también poseer la verdad sobre los principios. De manera que la sabiduría sera intelecto y ciencia, una especie de ciencia capital de los objetos mas honorables”, Libro VI, Ética Nicomaquea.
Sobre la bienaventuranza Tomas de Aquino expresa: “la bienaventuranza corresponde a Dios en grado sumo”, Q 26 Art 3, “la bienaventuranza es una perfección” Q 26 Art 4.
La bienaventuranza en un sentido practico es vivir los dones y los dones son perfecciones: “Todo lo bueno y perfecto es un don de lo alto”, Santiago 1:17.
Jesús nos enseña la Parábola de los talentos (Mateo 25 y Lucas 19): un hombre fue a recibir una investidura real a otro país y antes de irse deja a cada servidor una cantidad de dinero (talentos), al volver reclama a cada servidor cuanto rindió el dinero que el les dejo.Los talentos representan los dones que recibimos de Dios, esos dones tienen que rendir, dar fruto. Dicho de otra manera la parábola nos enseña que el sentido de la vida es aumentar los dones y como los dones son perfecciones, esto es aumentar el orden y la perfección del universo, es decir ser co-creadores con Dios.

Explicación de la Parábola del Sembrador para niños

La Parábola del Sembrador (Mateo 13:1-9, Marcos 4:1-9, Lucas 8:4-8) es la Parábola del Temor de Dios. El Temor de Dios se define como constancia, firmeza, devoción, ecuanimidad, estabilidad.
Jesús nos explica que frente a la Palabra de Dios, hay tres clases de personas, estas tres clases de personas están en relación a la triple división del hombre: cuerpo, alma y espíritu. En el hombre natural prevalece el cuerpo, en el hombre racional prevalece el alma y en el hombre espiritual prevalece el espíritu.
La Parábola narra así: “El sembrador salió a sembrar su semilla. Al sembrar, una parte de la semilla cayo al borde del camino, donde fue pisoteada y se la comieron los pájaros del cielo. Otra parte cayo sobre las piedras y, al brotar, se seco por falta de humedad. Otra cayo sobre las espinas, y estas, brotando al mismo tiempo, la ahogaron. Otra parte cayo en tierra fértil, broto y produjo fruto al ciento por uno. Lucas 8:4-8.
Explicación de la Parábola:
Primero grupo de personas: el hombre natural frente a la Palabra:
“La parábola quiere decir esto: La semilla es la Palabra de Dios. Los que están al borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el demonio y les arrebata la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven”. Lucas 8:11.
El hombre natural no comprende la ciencia de Dios ni tampoco le interesa, este tipo de hombre esta interesado en la vida voluptuosa, es decir la búsqueda inmediata del placer, esta clase de personas actúan fundamentalmente por “pasión”, el lema de esta gente es: “divertíte y pásala bien”.
Segundo grupo de personas frente a la Palabra:
“Los que están sobre las piedras son los que reciben la Palabra con alegría, apenas la oyen; pero no tienen raíces: creen por un tiempo, y en el momento de la tentación se vuelven para atrás. Lo que cayo entre espinas son los que escuchan, pero con las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, se van dejando ahogar poco a poco, y no llegan a madurar”. Lucas 8:13-14
Este grupo es el grupo de los sentimentales, los enamoradizos, los almaticos, estas personas comprenden la importancia de la ciencia de Dios, su palabra, pero “no tienen constancia”, son como barcos sin timón, van donde los lleva el viento y la suerte.
Tercer grupo frente a la Palabra de Dios:
“Lo que cayo en tierra fértil son los que escuchan la Palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen y dan fruto gracias a su constancia” Lucas 8:14.
Este es el grupo que vive de acuerdo a la gracia, es decir los que retienen, es decir la tienen siempre presente y la ponen en practica con constancia. Estos son los que alcanzan la vida eterna. La Palabra de Dios es recordemos el conocimiento que surge de la escucha: escucha (percibe con atención, medita con intuición e inspiración, decide).
Don-de-Temor-de-Dios
La sabiduría, la palabra de Dios para fructificar requiere de la constancia, de la firmeza, es decir del Temor de Dios que es uno de los siete dones del espíritu. Sin esto la espiritualidad no tiene sentido.
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¿Quién fue Jesús?

Jesús solo puede ser mostrado, revelado en el contexto de la doctrina mística del Reino de Dios. Entender el Reino de Dios, es conocer a Jesús.
Jesús es “hijo del hombre”, este término aparece por primera vez en el Libro de Daniel. La expresión “hijo del hombre” esta en relación con los 7 “Yo soy” en el evangelio de Juan y un “Yo soy” en el Libro de Apocalipsis, haciendo un total de 8 expresiones.
El Reino de Dios es el hombre que busca los carismas de Dios, es decir el hombre que busca la perseverancia, el discernimiento de Dios, esto es el “hombre que se hace hijo de Dios”. Y por el otro lado Dios que se hace “hijo del hombre”, es decir los carismas de Dios que se personifican en Cristo; expresado de otra manera la misericordia, la vida eterna, la sabiduría que se “hacen persona” en Jesús, de allí las expresiones del “Yo soy”.

Quien-fue-Jesus

Jesús personifica la sabiduría de Dios, la “llave de la ciencia”: “Yo soy la puerta” Juan 10:9, “Yo soy el pan de vida” Juan 6:34. Jesús personifica la vida eterna, es decir la guía de Dios: “Yo soy la luz” Juan 12:46, “Yo soy el buen Pastor” Juan 10:11.
Jesús personifica la alegría de Dios: “Yo soy la verdadera vid”. Jesús personifica el bien, la rectitud de Dios: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” Juan 14:6. Jesús personifica la vida: “Yo soy la resurrección y la vida” Juan 11:25. Jesús personifica la eternidad: “Yo soy el alfa y la omega” Apocalipsis 1:8.
Dios según la idea del Reino de Dios es la perfección en grado sumo, no podemos atribuir imperfecciones a Dios como las pasiones o la virtud moral. El Reino de Dios es el dominio de las perfecciones de Dios, es decir el dominio de sus dones, sus carismas: dominio de la rectitud, dominio de la ciencia, dominio de la sabiduría.
El Reino de Dios tiene un doble sentido uno ético y el otro teológico. El sentido ético es el hombre que se hace “hijo de Dios” y el sentido teológico es Dios que se hace “Hijo del hombre”.
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Las enseñanzas de Jesús y los niños

Hay numerosos relatos en los evangelios sobre Jesús y los niños:
“En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: ¿Quién es el mas grande en el Reino de los cielos?. Jesús llamo a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: “Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entraran en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño será el mas grande en el Reino de los Cielos.” Mateo 18:1-4
“Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos lo reprendieron, pero Jesús les dijo: “Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mi, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos.” Mateo 19:13-15

Jesus y los niños
Jesús nos dice que para entrar al Reino de Dios hay que ser como un niño. Tomas de Aquino, padre de a escolástica nos explica que el bien es una naturaleza y razón de causa final de los seres: todo ser desea su bien o perfección nos explica el teólogo; así como la naturaleza de la semilla es la planta que fructifica y como la naturaleza del huevo es el ave, la naturaleza del hombre es la conformidad a Dios. Para alcanzar esta conformidad necesitamos de un segundo nacimiento, de un nacimiento del espíritu. Somos niños de vuelta como resultado de la progresividad del hombre hacia su razón de causa final: Dios, la sabiduría misma. En esencia Jesús nos esta diciendo que para entrar al Reino tenemos que ser “buenos” como Dios. Dios es la fuente del bien y toda sabiduría.
Cuando recibimos al espíritu de sabiduría en nuestros corazones somos niños de vuelta.