Qué es la santidad según la Biblia

La santidad es una gracia, un carisma, un don espiritual. Es el don que nos relaciona con la formación del carácter, la santidad no es un atributo divino como la eternidad o la omnisciencia, es decir una perfección propia de Dios, la santidad es una perfección o don transmisible al hombre como la misericordia y la perseverancia, el Reino de Dios es el dominio, imperio de las perfecciones de Dios (dominio de la sabiduría, imperio de la devoción, reino de la rectitud), la Biblia lo expresa de esta manera: “sean santos porque yo soy santo”, 1 Pedro 1:16.
La santidad es el don que nos hace imagen plena de Dios
La santidad es ser imagen plena o imagen como tal de Dios, imagen en metafísica significa “semejanza perfecta” y la semejanza se da en la participación de la esencia.
Por la Regla de Oro: “haz por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti”, Mateo 7:12 somos imitadores de Jesús o imitadores de Dios (replicamos una conducta), por el Amor de Caridad, o amor al bien, somos semejantes a Dios en esencia (participes de la esencia de la sabiduría) y por los frutos del espíritu (amor, alegría, paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia; Gálatas 5:22) somos imagen de Dios.
Los frutos del espíritu definen la santidad y pueden ser interpretados tanto como los fines de la vida humana como el carácter de Dios.
Por eso fructificar los dones a través de la vida recta y la constancia es formar en nosotros el carácter de Dios. La santidad junto con la vida eterna (actividad contemplativa) son los verdaderos fines de la vida humana. Los frutos del espíritu surgen paulatinamente como consecuencia de años de perseverancia y practica contemplativa (meditación focalizada en los atributos divinos de Dios) a través del don de ciencia, la santidad es un estado posterior a la iluminación espiritual (recibir el espíritu santo o Gnosis) y tiene como base la vida en gracia de Dios, es decir la determinación diaria de obrar el bien evitando el mal, es por esto que cuando se habla de la perseverancia final de los santos se habla no de fe sino de seguridad en Dios (fe adulta o fe con don de ciencia), la santidad exige un conocimiento particular, es decir preciso y exacto, de las verdades divinas (“nadie puede ver el Reino de Dios si antes no renace de lo alto”, Juan 3:3). El santo como tal es fundamentalmente un contemplativo y un perseverante.
La primera carta a los Tesalonicenses lo expresa de una manera muy sencilla:
El deseo de Dios es la santificación del hombre.

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