Dios no puede ser burlado

La carta a los Gálatas nos hace una referencia a la La ley de la cosecha y la siembra: “No se engañen nadie se burla de Dios. Se recoge lo que se siembra:el que siembra para satisfacer su carne, de la carne recogerá solo corrupción; y el que siembra según el Espíritu, del Espíritu recogerá la Vida eterna”. Gálatas 6:7
La ley de la cosecha y la siembra es una ley de aprendizaje, que premia el acierto y castiga el error. Sembrar en el Espíritu significa ser progresivos, tender a la mejora, al aumento, es decir ser “camino”; sembrar en el espíritu también significa practicar la verdad es decir ser precisos y exacto y por ultimo aumentar la vida. Por eso Jesús dice “yo soy el camino la verdad y la vida”, Juan 14:6. Camino, verdad y vida son las condiciones para que una acción sea ética, es decir que sea asertiva, que de en el blanco.
Cuando sembramos según la carne practicamos el error, y la retribución por errar es recoger corrupción. La dicotomía carne-espíritu representa la oposición entre el bien y el mal, entre la rectitud y el pecado.
Las bienaventuranzas expuestas por Jesús en el sermón del monte en Mateo 5 y Lucas 6, constituyen el plan de Dios y no solo eso son la expresión del principio ordenador del universo, porque distribuye premios y castigos, nadie se burla de Dios significa que mas allá del azar hay un orden, del que nadie escapa, la ley de la cosecha y la siembra esta implícita en las bienaventuranzas, todas tienen un “porque”, podemos ponerle el nombre que queramos pero tarde o temprano rendimos cuentas de nuestros errores y nuestros aciertos en esta vida, no necesitamos de un infierno o un cielo en la otra vida, no necesitamos de amenazas o promesas en la otra vida.
Hay que recordar que esta ley universal tiene un efecto progresivo y de largo alcance: a mayor error mayor castigo, así como un castigo puede traer otro implícito porque un error trae consigo otro, así como una bola de nieve aumenta de tamaño al caer de la pendiente.
El infierno o el cielo lo tenemos acá y ahora según como elijamos vivir: ayudamos o pecamos.
Los que eligen vivir los dones espirituales es decir vivir éticamente recogen el premio mas excelente y progresivo: la vida eterna, el don espiritual que nos introduce en la vida celestial de los ángeles y nos da los premios mas grandes: la longevidad, la felicidad de corazón, y la visión de Dios.
Dios no puede ser burlado. Se recoge lo que se siembra. Gálatas 6:7