Fe, esperanza y Amor. Un análisis de las virtudes teologales.

La fe, la esperanza y el amor de caridad son virtudes infusas es decir no pueden adquirirse ni mediante el estudio ni la practica, es decir son virtudes del espíritu, son regalos y completan las 7 virtudes cardinales junto con la templanza, la fortaleza, la justicia y la prudencia que son virtudes del alma. El concepto de virtud infusa aparece en la teología de San Agustín y Tomas de Aquino y complementan las virtudes estudiadas por Aristóteles.
Los dones de la fe, la esperanza y el amor de caridad no se reciben al mismo tiempo y para esto hay que tener en cuenta las definiciones:
a)la fe es aceptar el credo. El credo son una serie de afirmaciones que el creyente acepta como verdaderas, en particular esta el credo católico.
b) la esperanza es la seguridad de recibir la vida eterna
c)El amor de Caridad, en griego conocido como Ágape, es el Amor al bien, es el amor perfeccionado por la naturaleza del bien, es el amor proyectado hacia toda la obra de Dios: es el amor a los animales, la ciencia, la ecología, el medio ambiente, por este amor vemos las cosas con la mente de Dios y somos participes de las bienaventuranzas.
La esperanza y la fe son virtudes infusas que una vez recibidas se concretan, es decir tienen su “fructificación” en el Amor de Caridad. ¿Porque? La Caridad perfecciona la fe y da lugar a la Seguridad o Confianza en Dios, por eso luego de recibir la Caridad se habla de “Perseverancia y seguridad en Dios”.
La infusión de la Caridad es recibir al “espíritu santo” como consecuencia de la “progresividad”, en filosofía se conoce esto como Gnosis. La Vida Eterna en cambio es el conocimiento de Dios a través de la actividad contemplativa: “Esto es la vida eterna que te conozcan a ti único Dios verdadero”, Juan 17:8. La esperanza se consuma en la vida eterna. Cuando recibimos la Caridad quedan 3 dones: la perseverancia, la seguridad en Dios y la vida eterna.Por eso Tomas de Aquino habla de los 7 dones del espíritu santo.
La Caridad da lugar a la vida adulta, que es la conformidad a Dios.
Con la infusión del Amor de Caridad, en la religión cristiana esta simbolizada con el sacramento de la confirmación, se perfeccionan las virtudes cardinales de la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza y por la perseverancia se alcanzan los frutos del espíritu, que son los fines últimos de la vida. La semejanza a Dios se transforma en Imagen.
Los dones son progresivos, es decir son “camino”(Juan 14:6)tienden a la mejora, al aumento y cuando se viven dan lugar a otros dones y bendiciones como se explica en las bienaventuranzas del Sermón del Monte.
Las virtudes infusas maduran o se perfeccionan en los frutos del espíritu, Gálatas 5:22-23.
Los frutos del espíritu son la concreción del amor, la fe y la esperanza humana.

¿Cómo ser feliz?

La felicidad no es un fin en si mismo sino un premio, una bendición que resulta de buscar los verdaderos bienes de la vida. Jesús al desarrollar el sermón de la montaña (Lucas 6 y Mateo 5) nos advierte sobre la existencia de los bienes aparentes y de la falsa felicidad. El mundo nos tienta al error y a las apariencias.
Algunos puntos que surgen del sermón de la montaña para alcanzar la felicidad:
*Trabajar para minimizar el sufrimiento
*Disminuir el error
*Buscar la excelencia en todo momento, vivir los dones recibidos, buscar lo correcto y lo mejor
*Ser empático, tener en cuenta al otro y a los demás: “Haz por los demás lo que te gustaría que hicieran por ti”, Mateo 7:12
*Actuar con objetivos de largo plazo, es decir vivir con esperanza.
En síntesis la felicidad como tal esta vinculada fuertemente al comportamiento ético (disminución del error). Cuando nos guiamos en la búsqueda de los falsos bienes como el dinero y la vida voluptuosa, la desgracia y los males esta siempre al acecho, es decir el mal y la mala suerte están vinculados al aumento del error.
Falsa felicidad
Jesús nos explica que la felicidad es un resultado de la vida adulta y no un fin en si mismo: “Felices los puros de corazón porque verán a Dios” Mateo 5:8, la felicidad en el hombre adulto esta vinculada al gozo de Dios y a la concreción de la esperanza.
En un sentido ético la verdadera felicidad del hombre es alcanzar la sabiduría, el amor por la verdad y esto es lo que nos narra Platón, en su obra El Banquete, de allí la idea de amor platónico.